“LAS OFRENDAS y DIEZMOS
“Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros
sacrificios, vuestros diezmos, y
la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos,
vuestras ofrendas
voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y vuestras
ovejas”
(Deuteronomio 12:6)
El pueblo de Israel daba a Dios una rica diversidad de
ofrendas, todas ellas incluidas en la ley dada por Dios a través de Moisés. Por
ofrendas, debe entenderse todo lo que cada hebreo ofrecía a Dios, en dinero o
especie, para cumplir con los diferentes ritos religiosos ordenados Todas las
ofrendas eran traídas solamente a Dios y estaba prohibido ofrecerlas a dioses
ajenos. “El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Jehová, será
muerto” (Éxodo 22:20). Eran llevadas al lugar de adoración y
no a ningún otro lugar:
“Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar
que vieres; sino que
en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí
ofrecerás tus
holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando” (Deuteronomio
12:13-14).
El ofrendar para
todo judío constituía un acto solemnísimo de adoración. Cada ofrenda,
grande o pequeña, se ofrecía a Dios con mucha reverencia.
Siempre que se ofrecía un sacrificio por expiación por el
pecado, debía ofrecerse una víctima como holocausto. “Con esto entrará Aarón en
el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto” (Levítico 16:3). El
holocausto consistía en quemar en forma total la víctima hasta convertirla en
cenizas, las cuales eran rociadas sobre el pecador para santificarlo: “Porque
si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los
inmundos, santifican para la purificación de la carne” (Hebreos 9:13).
El sacrificio
consistía en la
muerte de un animal consagrado para ello. La víctima era
degollada y su sangre era vertida algunas veces en el suelo,
otras veces sobre el altar de bronce, y otras más sobre el pecador. Los israelitas tenían
muchos motivos para ofrecer sacrificios a Jehová. Había sacrificios muy variados pues
dependía del propósito por lo que debía escogerse muy bien el tipo, edad y sexo
del animal (vacuno, ovejuno o caprino) todo de acuerdo a los requisitos de la
ley. Todo sacrificio debía ser ofrecido sobre el altar y solo por
los sacerdotes hijos de Aarón,
quedaba prohibido que cualquier persona ofreciera los
sacrificios y en cualquier otra parte. Toda víctima que se ofreciera debía ser
animal limpio, sano, completamente sin defecto: “Ninguna cosa en que haya
defecto ofreceréis porque no será acepto por
vosotros. Ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso
o roñoso, no ofreceréis éstos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda
encendida sobre el altar de Jehová” (Levítico 22:20,22). Los sacrificios podían ser por expiación por el pecado y por
la culpa, pero también había sacrificios de paz, los cuales incluían principalmente los
sacrificios por acciones de gracias.
Los judíos
debían separar los diezmos,
fueren de
dinero, de frutos de la tierra labrada, de animales domésticos y aún de frutos silvestres. Cuando se
apartaba el diezmo de los animales, se consagraba el décimo que pasara bajo la vara por la
puerta del redil y no se fijaba si era bueno o malo, era de Jehová.
Había para el pueblo de Israel gran castigo para quien no
diera sus diezmos pues el fallar era considerado como un robo a Dios “¿Robará
el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En
vuestros diezmos y
ofrendas” (Malaquías 3:8). Sin embargo, para quien cumplía
fielmente en dar sus diezmos, había ricas promesas de bendiciones: “Traed todos
los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto,
dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y
derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Los diezmos eran exigidos por
Dios para el sustento de los levitas, quienes eran los que administraban los
ritos sagrados en el Tabernáculo. “He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos
los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven
en el ministerio del tabernáculo de reunión” (Números 18:21). Los diezmos no
eran voluntarios, sino obligatorios para todo israelita.
4. Las Ofrendas Elevadas.
Cuando un israelita ofrecía un sacrificio de paz o por algún
voto o acción de gracias, parte del cuerpo de la víctima era mecido por él
antes de entregarlo al sacerdote. Esa porción era para el sacerdote, quien a su
vez, debía quemar una parte y la otra guardarla para sí. La parte que retenía
la elevaba también como un símbolo de consagración, pero podía comerla después:
“Y será para Aarón y para sus hijos como estatuto perpetuo
para los hijos de
Israel, porque es ofrenda elevada; y será una ofrenda
elevada de los hijos de
Israel, de sus sacrificios de paz, porción de ellos elevada
en ofrenda a Jehová”
Las ofrendas por los votos eran cuando se dedicaba algo al
Señor en forma especial como
cuando Salomón dedicó el templo “Y ofreció Salomón
sacrificios de paz, los cuales
ofreció a Jehová... así dedicaron el rey y todos los hijos
de Israel la casa de
Jehová” (1 Reyes 8:63). También cuando se dedicaba alguna
persona al Señor “Y
matando el becerro, trajeron el niño a Elí” (1 Samuel 1:25).
Asimismo, cuando
alguien hacía una promesa al Señor, al cumplirla, debía dar
una ofrenda. “Más si el
sacrificio de su ofrenda fuere voto, o voluntario, será
comido en el día que
ofreciere su sacrificio...” (Levítico 7:16).
6. Ofrendas Voluntarias.
Éstas se ofrecían a Jehová cuando había necesidad de hacer
algún esfuerzo especial para
alcanzar algún objetivo. Cuando la construcción del
tabernáculo, se solicitaron ofrendas
especiales voluntarias “De los hijos de Israel, así hombres
como mujeres, todos los
que tuvieron corazón voluntario... trajeron ofrenda
voluntaria a Jehová”
(Éxodo 35:29). Para la construcción del templo, David
también invitó al pueblo a traer
ofrenda voluntaria “... ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda
voluntaria a Jehová?”
Las Primicias
Es decir, los primeros frutos. Éstos podían ser en dinero,
en frutos de la tierra, de los
animales, del campo y aún de las personas, pues el primer
hijo pertenecía a Jehová. Había
una fiesta para dar gracias a Dios por los primeros frutos
de las cosechas, se llamaba la gavilla de las primicias, donde el pueblo
entonaba el salmo 47.
Las primicias también eran para el sostenimiento de los
levitas y sacerdotes que ministraban en el
santuario y eran obligatorias
No es posible
calcular el monto por persona o por familia de todas estas ofrendas. Ellos
cumplían porque estaban bajo la ley.
Hoy nosotros no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.
Si ésta es superior a la ley, entonces nuestras ofrendas deben ser tambien
superiores.